sábado, 23 de enero de 2016

J by José Andrés

Definitivamente uno de los hoteles que más me gusta de la Ciudad de México es el W. Su concepto chic asombra a cualquiera que entre. Y en el mismo concepto decorativo es el restaurante que visitamos en esta ocasión: J by José Andrés (No J by W porque con esa referencia podrían acabar en el club de industriales precisamente del JW que está a lado).

Del Chef español José Andrés, reconocido por su restaurante Jaleo (que esperamos referenciar en próximas reseñas), en octubre de 2015 inauguran este restaurante que se caracteriza por los platos fusión mexicano-españoles.

La recepción del restaurante está en el primer piso del hotel, una cabeza de toro de lidia con una máscara de luchador te recibe junto con la hostess en corbata de moño. ¡Los salones del restaurante realmente me encantaron! Una mesa con base de futbolito, otra de papel maché de colores simulando un trompo, salones exclusivos divididos por cortinas, maderas simulando cuernos de venado y muchas más excentricidades adornan el lugar.

Empecé mi noche con un "gin mexicano" Fever Tree, acompañado de hielos con infusión de epazote y clavo... Delicioso.  

Con una carta bastante extensa para ser de autor, la variedad de sabores da para todos los paladares. El concepto del lugar son las famosas tapas servidas en platos de distintas formas y materiales (por ejemplo recibimos las croquetas de jamón ibérico en un taco de fútbol de vidrio con todo y agujetas).

Entre lo que degustamos de entrada, además de las croquetas, fueron unas patatas bravas (que dejaron mucho que desear); conos de aguacate con jitomate y chapulín (literal "chapulín" en singular porque solo traía uno, pero a pesar de ello, muy buenos); y unos piquillos  rellenos en salsa de nogada y hoja Santa (la segunda salsa estaba increíble).

De platos fuertes pedimos: el pulpo a la gallega (de mi top 5 de platos en el mundo y tristemente este no fue nada espectacular), tacos de lengua (cuya salsa opacaba el sabor de la carne) y un pollo al ajillo con higos (que de entrada adulaba al paladar con el higo y la salsa pero cuyo sabor se desvanecía hasta dejar un sabor a pollo insípido -y con lo que me desgrada el sabor del pollo per se...no me gustó).

Los postres fueron los grandes ganadores de la noche: un helado de aceite de oliva con toronja (interesante), el flan de la abuela con crema catalana (¡bárbaro! Ampliamente recomendable) y el "Pacho-colate" (que si bien estuvo delicioso, si no lo compartes puede ser un poco empalagoso).

Así, con toda esa glotonería, empezamos el recorrido de las famosas "Cenas Fashion 2016" con una buena velada a lado de mi chefcita y uno de mis mejores amigos.

¿Volvería? Tal vez, no lo descarto para un precopeo coqueto pero no lo repetiría para una cena completa.

Espero la reseña les sirva para futuras aventuras culinarias y nos leemos en la siguiente.

¡Buen provecho!

Emile 



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